martes 23 de abril de 2024
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SALUD

Una nueva alternativa para la vacuna de la tuberculosis

La lucha contra la tuberculosis cuenta con un candidato más para la futura nueva vacuna. Hoy en día, hay más de una decena de grupos trabajando en la inmunización frente a ‘Mycobacterium tuberculosis’, una bacteria que infecta a millones de personas cada año y que cada vez es más inmune a los antibióticos.

La idea de que la tuberculosis está abocada a desaparecer es bastante antigua. Existe una vacuna -BCG, desarrollada en 1925- y la enfermedad es curable desde hace décadas. Sin embargo, las infecciones por ‘M. tuberculosis’ han aumentado en los últimos tiempos y la aparición de cepas resistentes a los tratamientos han hecho resurgir al mayor y más viejo asesino de la historia de la humanidad.

Según los cálculos de los expertos, en 2020 se producirán 1.000 millones de contagios y 35 millones de personas morirán. Por este motivo, la Organización Mundial de la Salud ha lanzado un plan para frenar la enfermedad en 2011-2015 que fomentará la investigación sobre prevención y nuevos tratamientos. Como dijo hace unos meses Zhenkun Ma, director científico de la Alianza Global para la Tuberculosis (TB Alliance), “vivimos un momento histórico en el desarrollo de fármacos contra la tuberculosis”.

Pero el problema de los fármacos es que “para el individuo son buenos porque lo curan, pero para la población no lo son tanto porque la bacteria se va haciendo resistente”, explica a ELMUNDO.es Carlos Martín, del Grupo de Genética de Micobacterias del CIBER de Enfermedades Respiratorias e investigador en la Universidad de Zaragoza. Por eso, desde hace años, varios grupos de todo el mundo se dedican a buscar una nueva vacuna.

La aparición de las primeras cepas resistentes en EEUU a principios de los 90 llenó de preocupación a los médicos que soñaban hasta entonces con la erradicación de la infección. En 1995, durante una reunión celebrada en Madrid en la que participaron expertos de la OMS, los Centros para el Control de las Enfermedades de EEUU (CDC) y otros importantes grupos, “se decidió que era posible que apareciera otra vacuna”, recuerda Martín. Y en eso trabajan él y otros muchos científicos.

Hasta la fecha, la única vacuna disponible es la BCG, que surgió en 1925 de los trabajos del microbiólogo Albert León Charles Calmette y del veterinario Camile Guérin. Está fabricada a partir de la cepa bovina del bacilo de la tuberculosis y es la vacuna más utilizada del mundo. El problema es que confiere protección frente a las formas meningíticas de la enfermedad pero no frente a la respiratoria, que es la contagiosa.

El último de los avances en este campo se presenta en la revista ‘Science Translational Medicine’. Se trata de una vacuna para mejorar la eficacia de BCG, que consiste en inocular cuatro antígenos a aquellas personas que ya han recibido BCG para hacerlas inmunes a las formas respiratorias de la enfermedad (las que son contagiosas). Sus responsables, de la Universidad Estatal de Colorado (EEUU), la han probado con éxito en ratones, cerdos de guinea y primates no humanos.

Si se confirman las pretensiones de este grupo de investigadores y su vacuna llega a la fase I de los ensayos, se unirá a la lista de candidatos -una docena, más o menos- que han alcanzado la etapa clínica de los experimentos. “Según los cálculos de TB Alliance, tiene que haber 20 vacunas en fase I para que acabe llegando al menos una al mercado”, indica Martín.

Su laboratorio también ha solicitado los permisos para entrar en esta fase I. Su vacuna es la más novedosa de cuantas se están investigando ya que se desvincula por completo de la vieja aunque muy útil -es la vacuna que más se usa en el mundo- BCG. En lugar de partir del bacilo bovino, “estamos trabajando con ‘M. tuberculosis’, que tiene todos los genes capaces de generar inmunidad y será capaz de proteger mucho mejor”, explica el experto español.

Pero todas estas iniciativas se enfrentan con un problema esencial: no es posible saber si una vacuna es eficaz hasta que ésta alcanza la fase III y se pone a prueba en unas 20.000-30.000 personas. La explicación a esto es que “no hay correlación de protección”. Es decir, no hay ningún marcador, ningún indicador que permita saber si el compuesto produce inmunidad.

Por eso, apunta Martín, “una de las líneas de investigación básica más importantes se centra, precisamente, en dar con esos marcadores”. Con ellos, la tarea de hallar una nueva vacuna contra la tuberculosis, que se espera aparezca en 2015-2018, será mucho más sencilla.

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