jueves 30 de mayo de 2024
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SALUD

Segun OMS los países pobres desatienden a enfermos mentales

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha publicado sus nuevas directrices diagnósticas y terapéuticas para tratar trastornos mentales frecuentes desde la Atención Primaria, unas pautas simplificadas que buscan facilitar su abordaje y así ampliar la atención de los trastornos mentales y por consumo de sustancias en este nivel de la sanidad.

La Guía de Intervencion mhGAP (mhGAP-IG) para desórdenes mentales, neurológicos y de abuso de sustancias ha sido elaborada a través de una revisión sistemática de las evidencias clínicas sobre el manejo de estas enfermedades y amplía la competencia de enfermeras y médicos no especializados su diagnóstico y tratamiento, el objetivo del Programa de Acción Mundial en Salud Mental (mhGAP) de la OMS.

Así, constituye un manual práctico para que profesionales de la sanidad no especializados manejen patologías como la depresión, la psicosis, el trastorno bipolar, la epilepsia, los trastornos del comportamiento en niños y adolescentes, la demencia, la drogadicción y el suicidio o las conductas autodestructivas.

Según ha explicado la directora General de la OMS, Margaret Chan, esta guía de intervención es “un logro fundamental que convierte, en menos de 100 páginas de saber clínico y consejos prácticos sucintos, todo un mundo de experiencia clínica y conocimientos técnicos aportados por cientos de expertos”.

A juicio del subdirector General de la OMS para Enfermedades No Transmisibles y Salud Mental, Ala Alwan, “para mejorar los servicios de salud mental no se necesitan tecnologías sofisticadas y caras”. “Lo que se necesita –apunta este experto– es aumentar la capacidad del sistema de atención primaria de salud para prestar un paquete integrado de servicios asistenciales”.

SE APLICAN YA EN SEIS PAÍSES

Estas nuevas directrices se aplica ya en Etiopía, Islas Salomón, Jordania, Nigeria, Panamá y Sierra Leona, a los que la OMS prestará su apoyo técnico en un programa en el que colaborarán también organismos de Naciones Unidas, institutos de investigación, universidades, fundaciones y ONG participantes en el Foro de mhGAP.

El doctor Shekhar Saxena, director del Departamento de Salud Mental y Abuso de Sustancias de la OMS, “este programa llevará a las enfermeras de Etiopía a reconocer en su labor cotidiana a los pacientes con depresión y a proporcionarles asistencia psicosocial”.

“Los médicos de Jordania y los asistentes médicos de Nigeria estarán capacitados para tratar a los niños con epilepsia. Estos trastornos –dice– son frecuentes en la Atención Primaria, pero ni se diagnostican ni se tratan debido a la falta de conocimientos teóricos y prácticos de los dispensadores de atención sanitaria”.

Una cuarta parte de la población mundial sufre trastornos mentales en algún momento de su vida. Los pacientes con trastornos mentales, neurológicos o por consumo de sustancias suelen ser estigmatizados, desatendidos y sometidos a abusos.

Los recursos disponibles son insuficientes, están distribuidos de forma no equitativa y se usan de modo ineficiente. En la mayoría de los países solo se gastan en salud mental menos del 2 por ciento de los fondos para la salud y, en consecuencia, una gran mayoría de los afectados no reciben ninguna atención.

Más del 75 por ciento de las personas con trastornos mentales, neurológicos y por abuso de sustancias –entre ellos cerca de 95 millones de pacientes con depresión y más de 25 millones con epilepsia– que viven en los países en desarrollo no reciben ningún tipo de tratamiento o atención.

La OMS ha pedido a los gobiernos, los donantes y otras partes interesadas en la salud mental que aumenten con urgencia la financiación y los servicios de salud mental básicos para reducir las enormes deficiencias que se dan en este área.

En 2008, la OMS lanzó el Mental Health Gap Action Programme (mhGAP), destinado a buscar soluciones a la falta de atención, sobre todo en los países más pobres, de los pacientes con enfermedades mentales y relacionadas con el abuso de sustancias. El 14 por ciento de la carga global de enfermedad se atribuye a estos desórdenes y casi tres cuartas partes de esta carga se da en los países de bajos ingresos

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