lunes 22 de julio de 2024
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AMBIENTE

Hierba mala nunca muere

Por Lic. Martín Cisneros (Especialista en medio ambiente) mcisneros@adoba.com.ar

Mucho se ha dicho sobre el glifosato en los últimos tiempos. El ABC en la materia dice que es un herbicida aplicado en el control de plantas y malezas, descubierto en 1970. Es el más usado en los principales países agrícolas y, particularmente, en el cultivo de soja.
A partir de 1996, se logró comercializar un tipo de soja resistente al herbicida, a través de la modificación genética de la hierba. Si antes se resistía el uso del glifosato, este cambio generó más críticas de sectores ecologistas. 

¿Qué pasó en Argentina?

El gobierno nacional decidió crear una Comisión de Investigación en Enero de 2009. Su misión fue analizar el impacto y proponer medidas para reducirlo.
Por su parte, los abogados ambientalistas, sustentados por el ARI de Elisa Carrió, solicitaron medidas de protección contra el glifosato por “gravísimas consecuencias en el ecosistema”, sin ofrecer prueba al respecto.
Desgraciadamente, se olvidaron de los informes de organismos científicos especializados (EPA, OMS) del año 2000, concluyendo que “como es usado actualmente, no hay peligro del glifosato para el ser humano”.
También decidieron emitir las conclusiones de la Agencia Ambiental de EEUU (EPA), que señaló que “prácticamente no afecta a la vida acuática, pájaros ni abejas”.
Convenientemente, en Abril de 2009, un funcionario del Ministerio de Defensa publica que el glifosato generaría malformaciones neuronales, intestinales y cardíacas en embriones de pollos (extrapolándolos a humanos).
El lector debe pensar que fue ratificado por sus pares científicos alrededor del mundo. Para nada: tanto el SENASA como el INTA y el Ministerio de Ciencia argentino criticaron duramente el informe. Ninguna asociación científica lo ratificó tampoco. Pero sí lo hicieron sus amigos ambientalistas y, en especial, los anti-mineros.

Lo natural VS lo sintético

Se trata de la eterna batalla entre la naturaleza (supuestamente benigna) y la tecnología (asumida como maligna). Resulta llamativo cómo muchos se preocupan por el glifosato cuando dos tazas de café que podemos tomar al día equivale a ingerir sustancias potencialmente cancerígenas de un año de pesticidas.
La naturaleza no es benigna, simplemente es. Consideremos que existen 15.000 veces más potenciales cancerígenos naturales que artificiales. Por ello no se ha encontrado la cura al cáncer: no se ha podido atribuir a un solo elemento su generación. A su vez, tengamos en cuenta que la tasa de vida de la población mundial va en ascenso, al igual que su número.

La clave: estudios epidemiológicos

Es sabido que los estudios epidemiológicos son costosos para los amantes de la denunciología. Por ello, siempre termina pagándolos el mismo Estado, luego de fuertes campañas de presión y extorsión pública.

La mayoría de las denuncias sobre posibles casos de cáncer como consecuencia de una actividad (química, nuclear, pesticida) no cuentan ni siquiera con estos estudios.
El más reciente lo realizó el gobierno español alrededor de sus instalaciones nucleares. Luego de 3 años y más de 8 millones de personas analizadas, se llegó a la conclusión de que “no hay una mortalidad por cáncer asociada a instalaciones nucleares”.
Si por casualidad no confía en el Estado, la revista “Cancer” publicó en 1997 los resultados de una investigación iniciada 3 años atrás por el Instituto Nacional del Cáncer de EEUU y su par canadiense. Se determinó que no había “ninguna evidencia definitiva que sugiriera que los pesticidas sintéticos contribuyeran significativamente a la mortalidad por cáncer”.
Finalmente, resulta esencial en este punto recurrir a un brillante libro de Victor Cohn (escritor científico), llamado “Noticias y Números”. Allí plantea preguntas clave, como: ¿Tiene un estudio? ¿Qué método utilizó? ¿Qué universo de análisis tomó? ¿Qué protocolos se siguieron?, entre otras.
Si los sectores ambientalistas le pueden responder una de estas preguntas, considérese satisfecho.

Fuentes:
– U.S. EPA Fact Sheet for Glyphosate (1993).

– PAGINA 12 “El tóxico de los campos” (sección EL PAIS, 13 de abril de 2009).

– FERREYRA, EDUARDO “Mitos y Fraudes”, cap.7: Pesticidas (2007)

– COHN, VICTOR “News and numbers”; Editorial Black Publishing (2001).

– GREENSPIRIT “Environmentalism for the 21st century” (2004).

– WILLIAMS, KROES, MUNRO “Safety evaluation and risk assessment of the herbicide Roundup and its active ingredient, glyphosate, for humans” (2000).

– CONSEJO DE SEGURIDAD NUCLEAR “Estudio epidemiológico del posible efecto de las instalaciones nucleares españolas sobre la salud de la población en su proximidad” (España, Diciembre 2009).

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