Brasil, uno de los mayores emisores de gases de efecto invernadero del mundo por los miles de km2 de selva que pierde cada año, llegará a la conferencia del Clima de la ONU en Cancún (México) con un buen resultado de reducción de la deforestación de la Amazonía.
“Derrumbé muchos árboles en mi vida; hoy los conservo”, confiesa Benedito de Souza ‘Pacatuba’, rodeado de densa selva al este del estado amazónico de Pará. En el pasado vivió de ayudar a los madereros ilegales y hoy enseña a atentos estudiantes cómo extraer aceites y frutos de la selva sin destruirla.
En el país que acoge la mayor selva tropical del planeta, una candidata ambientalista nacida en la Amazonía, Marina Silva, quedó tercera en las elecciones presidenciales hace un mes; pero los que defienden la expansión económica a costa de la selva todavía tienen mucha fuerza.
“Sabemos que tenemos que defender la selva, pero el gobierno y el mundo deben definir rápido alternativas económicas, porque en la Amazonía vivimos 25 millones de personas con una calidad de vida muy precaria”, le dice a la AFP desde su feudo amazónico Osvaldo Romanholi, presidente de la industria maderera del suroeste de Pará, donde hace un año la policía ambiental lanzó una masiva acción contra las madereras y la agropecuaria ilegales.
Con un destacado papel en las negociaciones mundiales del clima, Brasil mostrará en la conferencia de Cancún cómo llevó la deforestación amazónica del pico de 27.000 km2 en 2004, al mínimo histórico de 5.000 estimados este año (equivalentes a la mitad de Jamaica), lo que le sirvió para reducir en más de 30% sus emisiones de gases nocivos al clima, según ha estimado el gobierno.
“Queremos resultados en Cancún y nos empeñaremos para que la conferencia resulte en un paquete de compromisos”, afirmó el presidente Luiz Inacio Lula da Silva, que pretende viajar a México con la presidenta electa Dilma Rousseff.
En la anterior conferencia del clima en Copenhague hace un año, Lula y Rousseff -entonces su jefa de gabinete-, presentaron un ambicioso compromiso de reducir las emisiones de carbono en hasta 39% para 2020, y la deforestación amazónica en 80%.
“Hicimos un esfuerzo grande para reducir la deforestación y queremos consolidar una economía de bajo carbono en la selva, estamos presentando resultados y compromisos”, declaró a la AFP la secretaria de Cambio Climático, Branca Americano.
A pesar de los avances, tres factores amenazan la disminución del ritmo de deforestación.
Uno de ellos es la creciente demanda de granos y carne en el mundo que se traduce en la presión por arrebatarle tierras a la selva. Otro, las grandes infraestructuras de carreteras e hidroeléctricas que el gobierno impulsa en la Amazonía.
Se suma una gran presión en el Congreso para flexibilizar la legislación ambiental, explicó Paulo Moutinho, del Instituto de Investigaciones Amazónicas (IPAM).
La cumbre de Cancún examinará la aplicación del mecanismo llamado REDD que interesa especialmente a Brasil porque se destina a ofrecer compensaciones financieras a los países que protejan las grandes selvas tropicales y eviten la deforestación, un problema que provoca cerca del 20% de las emisiones de gases que causan el calentamiento global.
El bosque retiene muchos de esos gases y los libera a la atmósfera cuando es destruido.
Para cumplir con sus metas de recorte de emisiones, Brasil que ya es la octava economía del mundo y aspira a llegar a quinta, tendrá que abordar la conservación de sus sabanas (la nueva frontera de expansión agrícola) y acciones en su industria, agricultura y sector energético, que no paran de crecer y suman 37% de sus emisiones de gases de efecto invernadero.
Representantes de 194 países intentarán alcanzar un acuerdo para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en la conferencia del clima de la ONU en Cancún, del 29 de noviembre al 10 de diciembre.