viernes 23 de octubre de 2026
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Agua, divino tesoro

Las dificultades para proveerse bebida apta para personas y animales empuja el desarrollo de novedosos métodos de extracción. En Tostado, Alejandro Lahite pasó la sequía sin pérdidas gracias al “sistema araña” de bombeo lento.

Disponer todo el año de agua con calidad suficiente para consumo, algo que para muchos —sobre todo en ámbitos urbanos— es casi natural, resulta prácticamente una quimera en poblaciones y establecimientos rurales de buena parte del norte santafesino. La zona se caracteriza por altos niveles de sal y arsénico en las napas, situación que los deja a merced de las lluvias y los pone al borde del colapso cada vez que se produce un período de sequía.

Para la producción ganadera esta deficiencia estructural tuvo consecuencias catastróficas hasta hace apenas un año atrás. Sólo en el departamento 9 de Julio, uno de los distritos más castigados, pereció de hambre y sed el 40% del rodeo vacuno. Las postales de la crisis recorrieron el mundo: cadáveres apilados por cientos, productores desbordados por la desesperación, decenas de pueblos esperando cada día el camión cisterna que les provea el líquido vital.

Sin embargo no se trata de una fatalidad inmodificable, sino que existen herramientas para evitar que estas crisis se repitan cíclicamente. Así como las poblaciones podrían contar con acueductos, los ganaderos disponen de probadas técnicas capaces de garantizarles una provisión de agua constante para sus animales aún en las peores circunstancias. Oír hablar de “cosecha de agua” o de “recarga de acuíferos” es cada vez más común en al zona y hay verdaderos casos testigos que comprueban las bondades de estas técnicas.

 

 

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