En moda existe desde hace algún tiempo un concepto llamado quiet luxury, o “lujo silencioso”, que se refiere a una forma de elegancia que no necesita exhibirse: prendas de enorme calidad sin grandes logos, sin estridencias y sin necesidad de demostrar cuánto cuestan. El lujo está en la calidad, en los materiales, en los detalles y, fundamentalmente, en aquello que no resulta evidente a primera vista. En este sentido, algo muy parecido está sucediendo en la cirugía plástica y en la medicina estética.
Durante distintas épocas existieron modelos estéticos muy definidos. Narices pequeñas y respingadas, labios voluminosos, pómulos marcados, rostros excesivamente tensados, mamas muy redondas o contornos corporales con proporciones que no siempre parecían naturales. El problema aparece cuando una técnica o una tendencia comienza a imponerse sobre la identidad del paciente. Porque no existe una nariz perfecta, una mama perfecta ni un abdomen perfecto considerados de manera aislada, sino que existe una nariz que pertenece a determinada cara, una mama que resulta armónica con determinado tórax y un contorno corporal que debe guardar relación con la anatomía de esa persona.
Con los años se fue comprendiendo que uno de los grandes desafíos de la cirugía plástica moderna es individualizar en lugar de estandarizar. Es decir, no se debería operar personas para acercarlas a un mismo modelo de belleza, sino utilizar los conocimientos de la anatomía, las proporciones y las técnicas quirúrgicas para encontrar, en cada paciente, la armonía, el balance y la proporción que mejor respeten su identidad.
Y aquí un primer interrogante ¿natural significa hacer poco? Existe también cierta confusión alrededor de la palabra “natural”. Un resultado natural no necesariamente es un resultado pequeño. Una cirugía puede producir una transformación muy importante y, sin embargo, no resultar artificial. Una abdominoplastia puede reparar una pared abdominal alterada por los embarazos, recuperar su función y modificar significativamente el contorno corporal. Una cirugía mamaria puede cambiar volumen, posición y forma. Un lifting facial puede reposicionar estructuras que descendieron con los años y generar un rejuvenecimiento evidente. La gran diferencia radica en que el procedimiento no debería imponerse visualmente sobre la persona.
Por eso, podemos decir que “naturalidad significa hacer lo necesario sin perder identidad”, y probablemente ahí se encuentre uno de los mayores refinamientos técnicos de nuestra especialidad.
Durante años, rejuvenecer estuvo demasiado asociado a “estirar”. Hoy sabemos que el envejecimiento es muchísimo más complejo: cambian los tejidos, los compartimentos grasos, la piel, los ligamentos, la estructura ósea y las proporciones del rostro. Con este criterio, el objetivo no debería ser convertir un rostro de 55 años en uno de 30; debería ser conseguir que esa persona de 55 años se vea descansada, fresca, armónica y saludable, pero continúe reconociéndose frente al espejo. No se trata de borrar la historia de una cara, ni de eliminar cada signo del paso del tiempo; sino de acompañar ese tiempo de una manera más elegante.
Cada vez más personas entrenan, cuidan su alimentación, intentan dormir mejor, viajan, hacen deporte y buscan mantenerse activas durante más años. La expectativa ya no es solamente vivir más, sino vivir esos años con mayor calidad. Sin lugar a dudas la cirugía plástica puede formar parte de ese proceso, pero no debería intentar reemplazarlo. No reemplaza el ejercicio, una alimentación adecuada ni los hábitos saludables. Puede corregir determinadas consecuencias del envejecimiento, los embarazos, los cambios de peso o simplemente características anatómicas que una persona desea modificar.
Y aquí un último interrogante: ¿cómo va a verse este resultado dentro de diez años? Porque un resultado espectacular a los tres meses no necesariamente es un buen resultado a largo plazo. La verdadera calidad de una cirugía también debería medirse por su capacidad de acompañar el envejecimiento del paciente. Respetar tejidos, preservar anatomía, evitar excesos y comprender cómo evolucionará aquello que estamos modificando son parte de esa búsqueda.
Quizás por eso el concepto de quiet luxury describe tan bien hacia dónde creo que debería dirigirse la especialidad. No es hacia cirugías cada vez más evidentes, sino aquellas cada vez más sofisticadas, personalizadas y difíciles de detectar.
Por el Dr. Juan Manuel di Diego. Cirujano Plástico (MN 103503). Director Médico de CRENYF. Referente en cirugía de contorno corporal. Miembro de la Comisión Directiva de la Sociedad de Cirugía Plástica de Buenos Aires (SCPBA)
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