Se estima que más de 40.000 mujeres en edad reproductiva enfrentan anualmente este riesgo como consecuencia de terapias contra el cáncer, especialmente quimioterapia y radioterapia, que pueden provocar insuficiencia ovárica prematura o daños irreversibles en la reserva ovárica.
El escenario se ha vuelto cada vez más relevante a medida que mejoraron las tasas de supervivencia. Hoy, una proporción creciente de pacientes logra curarse o convivir durante muchos años con la enfermedad, lo que desplazó parte de la atención hacia la calidad de vida posterior al tratamiento. En ese contexto, la oncofertilidad —la disciplina que combina oncología y medicina reproductiva para preservar la capacidad reproductiva antes de iniciar terapias potencialmente gonado tóxicas— comenzó a ganar protagonismo dentro de la medicina moderna.
“La protección de la fertilidad pasó a ser una parte fundamental del abordaje integral del paciente oncológico”, explica Natalia Tarducci, médica especialista en ginecología y medicina reproductiva del equipo de Procrearte, la red de medicina reproductiva más grande de Latinoamérica. “Muchas personas llegan al diagnóstico en plena etapa reproductiva y todavía no formaron una familia o desean tener hijos en el futuro. Poder conversar esto a tiempo cambia completamente el panorama”.
La preocupación no es menor. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la infertilidad afecta a una de cada seis personas en el mundo, mientras que distintos estudios internacionales muestran que los tratamientos oncológicos pueden comprometer temporal o permanentemente la función reproductiva dependiendo de factores como la edad, el tipo de cáncer, la dosis administrada y la combinación terapéutica utilizada.
¿Qué es la oncofertilidad?
La oncofertilidad es una subespecialidad médica orientada a preservar la fertilidad de pacientes que deben atravesar tratamientos capaces de afectar los órganos reproductivos.
En este sentido, desde Procrearte precisan: “Podemos definir la preservación de la fertilidad, como la aplicación de estrategias médicas, identificando el alto riesgo de fallo gonadal asociados a los distintos tratamientos médicos oncológicos, pudiendo definir entre los facultativos los tratamientos médicos y de laboratorio en reproducción asistida para cuidado de la fertilidad”.
En ese marco, señalan que el trabajo interdisciplinario permite programar estrategias de preservación adaptadas a cada escenario concreto, en tiempo y forma adecuados para cada paciente. Además, destacan que el desarrollo de esta área abre nuevas posibilidades de investigación y formación profesional vinculadas a la medicina reproductiva y la oncofertilidad.
El tiempo aparece como uno de los factores más sensibles. Desde Procrearte explican que los pacientes pueden acceder al grupo de oncofertilidad mediante un canal específico de WhatsApp (11 4141-4434), que funciona de lunes a viernes de 8 a 17 horas. A través de ese contacto se coordina una consulta virtual o presencial dentro de las 24 o 48 horas posteriores al primer contacto.
Según detallan, el médico tratante solicita los estudios específicos y brinda asesoramiento sobre riesgos y beneficios de las distintas alternativas disponibles para preservar la fertilidad. De acuerdo con cada caso, pueden indicarse estrategias como estimulación ovárica controlada, criopreservación de semen o derivación a cirujanos especialistas en fertilidad.
“La clave es la derivación temprana”, subraya Tarducci. “Muchas de las estrategias disponibles requieren actuar antes de comenzar la quimioterapia o la radioterapia. Cuanto antes se consulta, mayores son las posibilidades de preservar la fertilidad”.
La especialista remarca que no todos los tratamientos generan el mismo impacto y que existen múltiples variables que condicionan el riesgo reproductivo: “Influyen la edad del paciente, el tipo de fármaco, la dosis administrada y también la vía de administración. Hay drogas que afectan especialmente a los órganos reproductores y otras cuyo impacto puede ser menor”.
El Grupo de Oncofertilidad de Procrearte captura esta diversidad con un equipo de ginecólogos, urólogos y especialistas en medicina reproductiva, que está conformado por los doctores María Natalia Tarducci, Tomás Quintana y Francisco Vitale.
“La consulta ya no aparece únicamente cuando existe un problema de infertilidad. Hoy muchas pacientes llegan derivadas antes de iniciar un tratamiento médico complejo, precisamente para intentar preservar su posibilidad de ser madres en el futuro”, señala Tarducci.
Muchas estrategias de preservación requieren realizar procedimientos antes del inicio del tratamiento oncológico y, en algunos casos, coordinar los tiempos con el ciclo menstrual. “En mujeres puede ser necesario esperar algunas semanas para iniciar una estimulación ovárica. Por eso insistimos tanto en la derivación oportuna y urgente”, señala Tarducci. “Cuanto antes se habla del tema, más opciones existen”.
Qué opciones existen para preservar la fertilidad
Las estrategias de preservación de fertilidad varían según el tipo de paciente, la edad, el diagnóstico y el tratamiento previsto. Entre las alternativas disponibles se encuentran la vitrificación de óvulos y embriones, la criopreservación de semen y distintos procedimientos quirúrgicos o de protección gonadal. “También existen técnicas en investigación y procedimientos específicos, como la protección de ovarios durante radioterapia o determinadas cirugías conservadoras, pero siempre dependen del tipo y avance de la enfermedad”, explica Tarducci.
Uno de los avances más relevantes de los últimos años fue el desarrollo de protocolos de estimulación ovárica con inhibidores de la aromatasa, como letrozol, especialmente indicados para pacientes con tumores hormonodependientes. Según explica Tarducci, estos protocolos permiten minimizar la exposición estrogénica durante la estimulación sin comprometer la eficacia oncológica ni aumentar el riesgo de recaída.
La preservación de fertilidad no involucra únicamente a mujeres. En hombres, la criopreservación de semen antes de iniciar quimioterapia o radioterapia constituye una de las herramientas más utilizadas y con mejores resultados. “Se comprobó que conservar esperma antes del tratamiento oncológico es tan importante para muchos pacientes que incluso funciona como apoyo emocional positivo para atravesar la enfermedad”, sostiene Tarducci.
Uno de los temores más frecuentes entre los pacientes es que preservar la fertilidad pueda retrasar demasiado el tratamiento contra el cáncer o afectar su eficacia. Sin embargo, la especialista aclara que cada caso se evalúa de manera individual y en coordinación con oncología. “La prioridad siempre es el tratamiento oncológico, pero hoy existen estrategias que permiten preservar la fertilidad sin comprometer el abordaje médico”, explica.
Además del aspecto biológico, la preservación de la fertilidad tiene un fuerte impacto emocional. “Muchos pacientes necesitan sentir que existe un proyecto después del cáncer”, afirma Tarducci. “Poder conversar sobre fertilidad y ofrecer alternativas concretas también forma parte del acompañamiento integral”.
Los avances médicos también permitieron mejorar las perspectivas reproductivas después del tratamiento. Según datos citados por la especialista, hasta un tercio de las mujeres que superan un cáncer y desean ser madres logran embarazos espontáneos luego de atravesar la enfermedad. En otros casos, las técnicas de reproducción asistida se convierten en una herramienta clave para concretar ese proyecto.
Para Tarducci, uno de los grandes desafíos sigue siendo la información temprana. “Toda persona que va a realizar un tratamiento médico que pueda comprometer su fertilidad debería recibir asesoramiento antes de empezarlo”, concluye. “La preservación de fertilidad ya no debe verse como algo accesorio, sino como parte de la calidad de vida futura del paciente oncológico”.