El dolor es uno de los síntomas más frecuentes de las distintas afecciones que una persona puede experimentar a lo largo de su vida. Además del impacto físico y emocional, tiene un costo invisible: afecta la productividad, el descanso, el bienestar diario y la calidad de vida. “A nivel mundial representa una de las principales causas de consulta médica y en Argentina la situación no es muy diferente. Se estima que 6 de cada 10 argentinos consultan por dolor muscular”, explicó el Dr. Martín Lanteri (MN 142628), Médico especializado en Tratamiento Avanzado del Dolor en Pain Care Center.
Ahora bien, ¿qué sucede con aquel dolor que aparece antes, durante o después del entrenamiento? Muchas veces el problema no está solamente en cómo se entrena, sino en todo lo que rodea al entrenamiento: “A la hora de hablar de prevención, el llamado entrenamiento invisible, cumple un rol fundamental. Se trata de un concepto que incluye descanso, recuperación y nutrición”. Explicó el Dr. Lanteri.
Antes de entrenar, la persona debe planificar su rutina. Debe estar descansada, correctamente hidratada y con la alimentación adecuada para soportar el estrés muscular. También es importante el calentamiento previo al ejercicio porque es una herramienta fundamental para disminuir las molestias musculares y llevar una alimentación equilibrada. Estas son pautas de autocuidado en el ámbito deportivo que no deberían pasarse por alto.
Para la actividad física planificada, lo primero que debe definirse son objetivos claros. La persona tiene que saber si busca calidad de vida, alto rendimiento, competir o simplemente superarse a sí misma. También es importante que la actividad resulte placentera, ya sea individual o grupal.
Uno de los motivos del dolor muscular al entrenar es la sobre exigencia, especialmente al aumentar la intensidad, las cargas o retomar la actividad física después de un período de inactividad. Ese esfuerzo genera microdaños musculares que producen inflamación, dolor y molestias que suelen durar hasta tres días y aliviarse con descanso, estiramientos, masajes o tratamientos farmacológicos.
“No todo esfuerzo físico tiene que doler. El músculo necesita adaptarse progresivamente a nuevas cargas, pero el dolor intenso o persistente puede ser una señal de alarma para revisar el entrenamiento”, explicó Lanteri.
Qué hacer cuando aparece el dolor
Para el tratamiento del dolor muscular, primero deben priorizarse las medidas no farmacológicas como el descanso, los estiramientos, la masoterapia y las técnicas de descompresión y descontractura muscular, que cumplen un rol fundamental en la recuperación.
“Cuando las molestias persisten o aumentan, puede utilizarse un analgésico como el ibuprofeno, por ser uno de los más eficaces y de respuesta rápida. Es la primera línea de elección para estos dolores, siempre y cuando sea por un tiempo prudente. Si una persona siente que el dolor va más allá de tres o cuatro días, o hay algún otro síntoma que no condice con una condición muscular común, como fiebre o debilidad muscular, tiene que consultar inmediatamente al médico”. Sostuvo el Dr. Lanteri.
En ese sentido, Bayer promueve el autocuidado responsable basado en ciencia para empoderar a las personas en la toma de decisiones informadas sobre su salud. En esa línea, Rocío Martínez (MN 113875), médica especialista en Clínica médica y Asesora Médica en Bayer Cono Sur destacó que los medicamentos de venta libre, como el ibuprofeno, deben utilizarse de acuerdo con las indicaciones del prospecto o bajo recomendación médica, para garantizar su seguridad y eficacia.
“En el caso del ibuprofeno, no solo alivia el dolor, sino que también reduce la inflamación, lo cual lo hace particularmente útil para dolores musculares. El ibuprofeno tiene más de 50 años de historia, con extensa evidencia científica que respalda su eficacia y seguridad. Siempre recomendamos empezar con la menor dosis efectiva durante el menor tiempo posible según la indicación médica.“
Otro de los puntos sobre los cuales hay que poner el foco es la tendencia a normalizar el dolor. “Cuando una persona naturaliza el dolor, se produce una sensibilización tanto periférica —en la zona afectada— como central, en el cerebro”, explicó el Dr. Lanteri. Esa hipersensibilización hace que estímulos que antes no generaban dolor comiencen a doler cada vez más y que el tratamiento se vuelva más complejo. Eso puede llevar al dolor crónico”, advirtió.
Para concluir, Lanteri remarcó que la actividad física no se limita al entrenamiento formal: hábitos cotidianos como caminar, subir escaleras, andar en bicicleta o dedicar algunos minutos al movimiento diario también pueden generar mejoras significativas en el bienestar general y ayudar a combatir el sedentarismo.