lunes 20 de mayo de 2024
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SALUD

Alerta sobre graves enfermedades por químicos ambientales

Gran parte de las enfermedades provocadas por factores químicos ambientales se gestan y perpetúan en las viviendas, en los lugares de trabajo y espacios de estudio, reveló una investigación realizada por el médico especialista en Endocrinología y Metabolismo Sergio Schlimovich.

 

 

El trabajo presentado este año, cuyo nombre completo es  “Proyecto de Sensibilización y Educación sobre Factores Químicos Ambientales Determinantes de la Salud – Mapa Tóxico Químico de la Provincia de Entre Ríos”, pone a la luz “una importante problemática de salud, especialmente para los niños, bebés lactantes y fetos intrauterinos, que son el grupo poblacional más vulnerable a la exposición crónica de diversas sustancias químicas presentes en el ambiente, potencialmente nocivas”, aseguró a Salud y Bienestar el director del estudio.

En diálogo con este suplemento, el especialista afirmó que “la mayoría de nosotros pasa el 90 por ciento o más del tiempo de nuestras vidas en los hogares, lugares de trabajo, casas de estudio y espacios cerrados de recreación. Habitamos nuestras viviendas en la creencia popular que una casa o un departamento, que nos da resguardo, es un sitio seguro”.

Sin embargo aclaró que “esta creencia dista mucho de ser una realidad ya que nuestros hogares están llenos de sustancias químicas tóxicas presentes en el aire que respiramos, el agua que bebemos, la comida que comemos, los materiales de construcción con que están hechas las edificaciones, así como el mobiliario, los electrodomésticos y los innumerables objetos que utilizamos dentro de nuestras viviendas todos los días. Las mismas sustancias las encontramos en nuestros espacios laborales, donde estudiamos o nos recreamos”.

Qué dice la OMS

En 1982, la Organización Mundial de la Salud (OMS) definió el síndrome del edificio enfermo (SEE) como “un conjunto de enfermedades originadas o estimuladas por la contaminación del aire en estos espacios cerrados que produce, en al menos un 20 por ciento de los ocupantes, un conjunto de síntomas tales como, sequedad e irritación de las vías respiratorias, piel y ojos, dolor de cabeza, fatiga mental, resfriados persistentes e hipersensibilidades inespecíficas, sin que sus causas estén perfectamente definidas”. Es característico que los síntomas desaparezcan al abandonar el edificio. Entre estos malestares las alergias ocupan un papel importante.

Pero la mayor preocupación de los efectos de estas sustancias radica en sus consecuencias irreversibles a largo plazo, señaló Schlimovich, quien explicó que “una exposición permanente, aún a dosis mínimas, puede desencadenar afecciones graves en la salud como ser: enfermedades cardiovasculares, respiratorias y neurológicas varias; diabetes; disminución de la capacidad intelectual; feminización del hombre e infertilidad; y cánceres de todo tipo”.  “En los niños, bebés lactantes y fetos in útero, estas sustancias están ligadas a un aumento de abortos espontáneos y mortalidad infantil, enfermedades inmunológicas y autoinmunes, cáncer infantil, enfermedades  del sistema nervioso, y desordenes del desarrollo y del sistema reproductor, entre otros”.

La OMS estima que para el año 2020 las enfermedades crónicas provocadas por la exposición a sustancias químicas tóxicas superarán a las enfermedades infecciosas en los países en desarrollo, acota.

Sustancias químicas ambientales peligrosas

Durante las últimas cuatro o cinco décadas la sociedad se transformó profundamente. La industrialización, la tecnificación y los avances en los sistemas y medios de producción han modificado notablemente el estilo de vida de las personas en los últimos cincuenta años. Todos estos cambios han ido acompañados de la aparición y la liberación al medio ambiente de gran cantidad de sustancias químicas. Muchas veces, no somos capaces de ver estas sustancias y, en la mayoría de los casos, ni siquiera sabemos que existen.

De los casi 10 millones de sustancias químicas conocidas, aproximadamente 100.000 productos químicos se mezclan para formar millones de productos o preparados comerciales que utilizamos en la vida diaria. Sin embargo, la mayoría de ellos nunca se han analizado para determinar sus efectos en la salud y el medio ambiente.

El profesional indicó que “cuando oímos hablar de sustancias peligrosas, solemos pensar en los productos químicos que se utilizan los laboratorios científicos o las industrias. Sin embargo, esta asociación no es del todo correcta: los productos químicos están por todas partes, y nos rodean; no solo provienen desde nuestros hábitats donde pasamos gran parte del tiempo –como se ha señalado anteriormente- sino que también estas sustancias pueden estar en el aire procedente del tráfico intenso, de emplazamientos de residuos tóxicos, y de la quema de basurales o de emanaciones tóxicas industriales; y pueden filtrarse hacia los ambientes interiores y alcanzar elevadas concentraciones”.

Existe gran preocupación por un grupo especial de químicos ambientales que se acumulan dentro de los organismos vivos y persisten en el ambiente por largos períodos, y que son potencialmente nocivos para la salud y la biodiversidad. Se los conoce como: contaminantes o compuestos tóxicos persistentes (CTPs); compuestos orgánicos persistentes (COPs); sustancias tóxicas persistentes (STPs); químicos tóxicos persistentes (QTP); o sustancias tóxicas bioacumulativas persistentes (TBPs). Otras fuentes hacen referencia a COPs y otros contaminantes tóxicos persistentes.

“Algunos tóxicos persistentes se comportan como disruptores endócrinos (DEs), y representan un tipo especial de CTPs. Se han identificado, hasta la fecha, más de 500 sobre los que se conoce o se sospecha tienen capacidad de alterar el equilibrio del sistema endocrino de los seres humanos y de otras especies en la vida salvaje”.

“Las consecuencias de algunas de estas sustancias sobre el sistema endocrino pueden ser graves y a menudo irreversibles”, alertó Schlimovich. Estas incluyen efectos sobre la reproducción, los caracteres sexuales, el metabolismo, el sistema inmunológico, el desarrollo cognitivo de los niños, aspectos del comportamiento psicosocial y desarrollo de cánceres genitales.

Tomar conciencia y actuar

Existe un gran desconocimiento sobre el tema de los  “químicos tóxicos ambientales” en la provincia -detalló el endocrinólogo- y agregó que “el resultado de este trabajo puede servir como disparador inicial para despertar conciencias, proveer conocimientos y tomar las medidas correspondientes sobre un aspecto tan importante como trascendental para el futuro de las próximas generaciones”.

El especialista aconsejó “diagramar políticas de salud pública preventivas y de control para minimizar la exposición y mitigar los potenciales efectos nocivos en la salud que tienen muchas de las sustancias químicas identificadas en este trabajo. La mayoría de estas sustancias se encuentran en Entre Ríos, por lo que también es previsible la frecuencia ‘esperable’ de algunas enfermedades, anomalías cromosómicas, deformidades, y malformaciones congénitas en los niños, fetos in útero y bebés lactantes, expuestos a químicos tóxicos en el aire, agua, suelos, alimentos y objetos donde la población vive, trabaja, estudia y se recrea”.

“Al tomar conocimiento sobre el tema ya estamos dando un gran paso -señala el profesional- porque si no sabemos, entones nada podemos hacer al respecto”. “El contacto crónico con los CTPs es generalmente silencioso y su presencia no se sospecha sino hasta muy tarde en el tiempo cuando la enfermedad ya está instalada y es frecuentemente irreversible”.

La importancia de la prevención

Schlimovich remarcó que es imprescindible actuar en la prevención en distintos niveles: “hace falta crear grupos interdisciplinarios de profesionales en medicina ambiental, toxicología, epidemiología, endocrinología y metabolismo e ingeniería ambiental para realizar estudios epidemiológicos y de investigación provinciales. Hace falta crear un nexo entre las áreas de salud pública y medio ambiente para realizar tareas eficientes y permanentes de recopilación de datos e inventario de sustancias tóxicas, particularmente de los CTPs que incluyen los COPs y los DEs; laboratorio especializado; vigilancia ambiental de salud y ambiente; y monitoreo. Hace falta crear un instrumento provincial para prevenir y educar a la población sobre el peligro potencial de la exposición crónica a los CTPs y los DEs, y para proteger a los niños por su especial vulnerabilidad. Mientras esto no se concrete, las enfermedades seguirán creciendo”.

Mientras tanto, hasta que lo anterior se ponga en marcha, lo que se puede hacer por el momento es “prevenir” a las  familias sobre la existencia de estas sustancias, conocer cuáles son, saber dónde se encuentran, cómo minimizar el nivel de exposición, e informarnos acerca de cómo sustituir muchas de las que utilizamos a diario por otras que sean saludables y no dañen el medio ambiente.

Un trabajo concreto

AIM constató que el trabajo de referencia es el primero de esta naturaleza que se realiza en la provincia, que ubica al “Mapa Tóxico Químico de Entre Ríos” como el primero que identifica posibles químicos tóxicos ambientales potencialmente nocivos para la salud humana. La investigación alerta particularmente sobre un grupo de químicos muy peligrosos menos conocidos y/o difundidos, como son los contaminantes tóxicos persistentes (CTPs) y los disruptores endocrinos (DEs); y pone especial énfasis en la vulnerabilidad de los niños a una variedad de químicos peligrosos en el ambiente y de sus repercusiones a mediano y largo plazo.

Lo concreto es que el trabajo propicia la toma de medidas preventivas que disminuyan el impacto sobre la salud y la implementación de sustitutos para muchas de las sustancias químicas que se utilizan en la vida cotidiana; y da algunos ejemplos concretos de lugares y situaciones identificadas en la provincia.

Más información

El “Proyecto de Sensibilización y Educación sobre Factores Químicos Ambientales Determinantes de la Salud – Mapa Tóxico Químico de la Provincia de Entre Ríos”, se realizó con apoyo del Consejo Federal de Inversiones (CFI) y se concluyó en junio de 2010.

El doctor Sergio E. Schlimovich es médico especialista en Endocrinología y Metabolismo, y fue miembro fundador de la Red Argentina de Vivienda Saludable, un programa de la Organización Panamericana de la Salud (OPS).

 

 

 

 

 

 

 

 

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