Expectativas familiares, culturales, organizacionales o incluso internas, que muchas veces aceptamos sin revisar si están alineadas con quiénes somos y hacia dónde queremos ir.
Liderar -en cualquier rol- también implica aprender a diferenciar entre compromiso y sobreadaptación. Entre responsabilidad y renuncia personal.
Cuando dejamos de vivir para cumplir expectativas ajenas, empezamos a tomar decisiones más claras, más sostenibles y más coherentes.
Y eso, lejos de debilitarnos, nos fortalece.
Por: Vale Muda Directora Grupo MEDIHOME valemuda.com.ar
