El Dr. Raúl Néstor Galigniana (MN 76097 // MP 76097), urólogo de DIM Centros de Salud advierte que el entorno familiar también puede desempeñar un rol clave para impulsar los controles preventivos y recuerda que, cuando se trata de enfermedades como el cáncer de próstata, llegar a tiempo puede marcar la diferencia.
Mientras las mujeres incorporaron hace décadas los controles preventivos como parte de su rutina de salud, muchos hombres todavía llegan al consultorio cuando aparecen molestias o síntomas. Sin embargo, en enfermedades como el cáncer de próstata, la detección temprana sigue siendo una de las principales herramientas para mejorar el pronóstico.
Los datos disponibles muestran la magnitud del desafío. Una encuesta nacional difundida por la Fundación ACIAPO indicó que 7 de cada 10 hombres mayores de 50 años no realizan el control prostático anual y que 3 de cada 10 nunca se hicieron un chequeo urológico. Detrás de esas cifras aparecen miedos, falsas creencias y una consulta que muchas veces llega demasiado tarde.
“Seguramente, el cáncer de próstata es la enfermedad urológica que se toma de ejemplo cuando hablamos de controles preventivos, ya que puede ser detectada antes de la aparición de síntomas”, explica el Dr. Raúl Néstor Galigniana, especialista en Urología de DIM Centros de Salud.
El profesional agrega que “en lo que respecta a mi especialidad (Urología), el principal problema que se suele detectar tarde está relacionado con el cáncer de próstata y la consulta tardía, diagnosticando muchas veces la enfermedad en etapas avanzadas”.
¿Cuándo conviene comenzar los controles?
El especialista recuerda que los controles preventivos no deberían comenzar cuando aparecen síntomas. “La recomendación es comenzar los chequeos a partir de los 50 años. Está establecido en las pautas urológicas iniciarlos antes, desde los 40 o 45 años, cuando hay un antecedente familiar directo de cáncer de próstata.”
¿Qué incluye un chequeo urológico?
Una de las dudas más frecuentes es qué ocurre durante la primera consulta con el urólogo. Si bien cada paciente requiere una evaluación individual, el control preventivo suele incluir:
- Historia clínica y antecedentes personales y familiares.
- Conversación sobre síntomas urinarios o cambios que puedan resultar relevantes.
- Examen físico.
- Análisis de sangre con determinación de PSA, cuando corresponde.
- Tacto rectal, según la evaluación del especialista.
- Estudios complementarios si el profesional los considera necesarios.
El tipo de evaluación dependerá de la edad, los antecedentes y los factores de riesgo de cada paciente.
Los prejuicios todavía pesan
Más allá de las campañas de prevención, el especialista reconoce que todavía existen barreras culturales que dificultan la consulta. “Quizás siga pesando en el inconsciente masculino la supuesta ‘humillación’ que produce un tacto rectal. Pese a las campañas de prevención, el varón continúa siendo culturalmente reticente a consultar y a que le hagan el examen dígito rectal”, señala.
Aun así, observa una evolución positiva. “En los últimos años he notado mayor conciencia en la población masculina para realizar la consulta preventiva, aunque creo que la mujer sigue siendo más responsable en ese sentido para hacer la consulta ginecológica.”
La prevención también necesita conversación
Muchas veces quien impulsa la consulta no es el propio paciente, sino alguien de su entorno. Una pareja, una hija, un hijo o un amigo pueden convertirse en el incentivo necesario para dejar de postergar un control que puede resultar clave para la detección temprana de distintas enfermedades. El mensaje del especialista es claro: “El mensaje sería que rompan los prejuicios.”