sábado 24 de octubre de 2026
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Sólo el bosque mantiene activa la tierra seca

En 1994 la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó el 17 de junio Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía. Ese mismo año, en ese día, se había aprobado la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la desertificación en los países afectados, en particular en África.

Las graves sequías y desertificación, en especial en Africa, llevaron a ONU el 19 de diciembre de 1994 a invitar a los Estados a que dedicaran el Día Mundial a sensibilizar la opinión pública respecto de la necesidad de cooperación internacional para luchar contra la sequía y sus efectos respecto de la aplicación de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación.

En la actualidad 194 Países Parte -entre ellos Argentina- ratificaron este acuerdo, que apunta a mejorar la productividad de la tierra, restaurar y conservar los suelos y establecer una mejor utilización de los recursos hídricos.

La Asamblea General de las Naciones Unidas estableció como lema para el 2011: “Los Bosques Mantienen Activas las Tierras Secas”, ya que los mismos combaten la degradación de la tierra y la desertificación mediante la estabilización de los suelos, la reducción de la erosión hídrica, eólica y el mantenimiento de los ciclos de nutrientes en los suelos.

Los bosques secos también son importantes santuarios de la biodiversidad y los ecosistemas proporcionan bienes como combustible, madera para construcción, y medicamentos. Además, los bosques secos son un amortiguador frente a la sequía y la desertificación y una medida de protección para los pobres.

El secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki–moon, expresó en su mensaje para esta fecha que “la gestión, la conservación y el desarrollo sostenible de los bosques secos son esenciales en la lucha contra la desertificación”, señalando que “el reverdecimiento en curso del Sahel y otros ejemplos exitosos en todo el mundo, demuestran que las tierras degradadas pueden recuperarse para la agrosilvicultura y otras prácticas sostenibles, por lo que es preciso que aumentemos la envergadura de estas intervenciones y demos amplia difusión a sus resultados”.

Diversos son los factores que contribuyen a agravar los procesos de deterioro de la tierra: los problemas de títulos e inseguridad en la tenencia de la tierra, algunos latifundios y minifundios con manejo inadecuado, la ocupación de tierras fiscales, las deficiencias en la educación de los productores, la falta de capacitación y asesoramiento entre otras.

Como consecuencia de ello se produce una creciente degradación del suelo, el agua y la vegetación disminuyen y anulan su productividad sumiendo a los pobladores en la pobreza u obligándolos a la migración. Estos migrantes de las áreas rurales se transforman en grupos marginados en los grandes núcleos poblacionales del país.

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