El cáncer genito-mamario es una de las principales preocupaciones en la salud de las mujeres. Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en 2008 se registraron 460 mil defunciones por cáncer mamario en todo el mundo y cada año 500 mil mujeres se enferman de cáncer de cuello de útero.
En nuestro país, durante el 2009, el 35% de los 27 mil fallecimientos de mujeres producto de tumores malignos fueron por cáncer en mama, útero, ovario y vejiga urinaria.
La prevención y el diagnóstico precoz son las principales herramientas para afrontarlos. Según un informe reciente de la OMS, se calcula que 3 de cada 10 defunciones por cáncer pudieron ser evitadas con una detección temprana y con adecuadas estrategias.
Prevención del cáncer de cuello uterino
En Argentina, el cáncer de cuello uterino representa la tercera causa de mortalidad por tumores malignos en las mujeres. Anualmente se diagnostican 4.500 casos, de los cuales el 55% terminan en muerte según datos del Ministerio de Salud de la Nación (MSAL) correspondientes al 2009.
En su mayoría, el cáncer de cuello uterino es causado por el Virus de Papiloma Humano (HPV) contagiado a través de las relaciones sexuales. Si bien su incidencia es alta –se calcula que entre el 60 y el 80% de la población puede estar contagiada sin saberlo-, no significa que todas las mujeres que contraigan el virus vayan a desarrollar la enfermedad.
Es aquí donde se encuentra la importancia de la prevención, un diagnóstico precoz y tratamientos eficientes:
* Pap: es un procedimiento realizado una vez por año que permite diagnosticar infecciones vaginales comunes, infecciones por HPV y el propio cáncer de cuello uterino.
* Colposcopía: es un estudio complementario al Pap que permite visualizar con mayor precisión lesiones benignas o malignas a nivel de cuello, vagina y vulva.
* Captura híbrida: obtenida por medio de una muestra citológica, indica la presencia o ausencia de virus tumorales.
* Vacuna contra el HPV: recientemente se incorporó al calendario nacional de vacunación. Deberá ser administrada en tres dosis a todas las niñas de 11 años de edad. Previene el contagio de HPV, pero no evita el desarrollo del cáncer de cuello uterino, por lo que se recomienda aplicarla en pacientes jóvenes que no hayan tenido relaciones sexuales.