Profesionales autorizados por Prefectura, acompañados por toda las medidas de seguridad, ayudan en las tareas de remoción de buques hundidos. Extraen pilotes pertenecientes a muelles antiguos y otros objetos contaminantes de las profundidades para sanear la Cuenca Matanza Riachuelo.
El trabajo de buzos profesionales con autorización de la Prefectura Argentina, y con todas las medidas de seguridad, se suman a la tarea de dejar el río cada vez más limpio.
El boletín informativo de Acumar entrevistó a Matías, buzo desde 2007, quien cuenta que empezó por herencia: “Mi abuelo fue buzo, mi papá fue buzo y yo también. El primer recuerdo de regalo de navidad fue unas aletas y brunetas, desde chiquito me vienen inculcando la idea de ser buzo. Me gusta lo que hago. Cansa un poco, demanda bastante, pero tengo la mente tranquila cuando trabajo y pienso en lo que tengo que hacer”.
Victor trabaja como buzo hace 12 años y sumergirse en las aguas del Riachuelo forma parte de su trabajo diario. Dice que está acostumbrado: “En este trabajo el 90% de la seguridad la brinda cada uno con su trabajo, si estamos seguros y atentos no hay riesgo. Nunca me pasó nada por trabajar en el Riachuelo. Hay cosas más gratificantes que otras. Es un trabajo en equipo, cada uno tiene su parte asignada, y cada uno tiene que estar concentrado para que las cosas avancen. En condiciones normales trabajamos 8 horas por día”.
Para que el río vuelva a ser un lugar disfrutable es necesario, entre muchas otras tareas, extraer los pilotes pertenecientes a muelles antiguos, que tienen que sacarse para que no acumulen basura ni sigan contaminando el agua. Carlos que coordina el trabajo de los buzos explica cómo es la tarea: “Se utiliza un pontón –que es una embarcación-, preparado con aparejos, que desentierras las defensas. Se abre el aparejo de plaza, que es un aparato con varias vueltas de boleas, ahí dos buzos enganchan el alambre que tira el madero: uno lo liga abajo del agua y otro está arriba por seguridad. Una vez que está ligado el palo se acciona el guinche”. En cada trabajo participan cinco buzos, para tener relevos a bordo, un jefe de maniobra y maniobristas que son los que ayudan.
Afirma que para ser buzo sólo es necesario tener ganas y no sentir miedo al agua. “El buzo es asistido por otro buzo que está en la superficie. Está preparado con el equipo, por si hay algún problema, en la parte de buceo, en la parte de maniobra hay otro que está mirando los materiales y cómo trabajan. Hay otro en el área de tiro por si se corta un cable”, asegura sobre las medidas de seguridad. Cuando los palos se retiran se depositan en la costa, se los limpia y se los puede recuperar o reciclar para otros usos.
Victor cuenta que empezó a trabajar de casualidad: “Tuve un contacto con este tipo de trabajo y se dio la oportunidad así que terminé haciéndolo. Es un trabajo variado, porque se hacen muchas cosas distintas, hoy estás haciendo una cosa, mañana otra. Hacemos todo tipo de trabajo que sea en el agua: reparaciones a cascos de barco, obturaciones de rumbos, trabajos en túneles, de limpieza. Se trabaja en la superficie, un buzo baja y liga los barrotes para que se pueda sacar. No hay que hacer tanta fuerza”.
Además, afirma que los trámites administrativos no son tan complicados: “Para ser buzo hay que tener una patente que otorga Prefectura que habilita a ejercer la tarea de buzo profesional. Muchos buzos trabajan free lance. La verdadera escuela de buceo es el trabajo, lo que da la experiencia, hay buzos especialistas en salvamento. La clave es meterle para adelante”.